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martes, 1 de marzo de 2016

Daphne Blasco: La historia de una venganza. Capítulo I




Daphne Blasco había llegado a Santa Clara con el Cirque de’l Amorph una tarde cualquiera. El pueblo era conocido por su feria y Daphne era la primera vez que llegaba al lugar. Provenía de La Baja California y se había criado en el circo. Su madre había sido una famosa equilibrista francesa llamada Petite Pin D’or que se había casado con el gerente del mismo, un tipo vulgar y avaricioso, que lo único bueno que le proporcionó fue la nacionalidad americana. La mala sombra perseguía a Daphne. Su madre, la única que la había tratado bien en su vida murió al resbalar accidentalmente en un ensayo precipitándose al vacío y partiéndose el cuello. Su padre había aliviado su viudedad con una de las enanas del circo, algo que Daphne nunca le perdonaría.
El Cirque de'l Amorph tuvo sus días gloriosos pero ahora se había convertido en una carpa llena de cuerpos decrépitos, de sombras... La niña había crecido en ese ambiente hostil y lleno de amarguras, de gente sin alma y no por los componentes del circo sino por el público que iba a verlos y aclamaban esos cuerpos deformes. El hombre oruga estaba alcoholizado, una de las siamesas orientales había enloquecido y su demencia iba contagiando a su otra mitad. La enana que quedaba era la amante de su padre, una vieja estúpida que en una apuesta que perdió  y contra Daphne, de la rabia, le sacó un ojo con una cucharilla, dejándola tuerta. Ésta se juró así misma que se vengaría... Así que todas las mañanas mientras servía el desayuno al staff del circo, se encargaba personalmente de verter unas gotitas de conicina (planta venenosa que crece en terrenos baldíos y jardines abandonados), en el café de esta zorra. La enana comenzó a sentirse mal al poco tiempo de la ingesta. Empezó a padecer vértigo lo que la impedía trabajar en el trapecio o moverse de la cama, y eso cabreó  al padre de Daphne.
 Después las diarreas,...¡ Joder! ¡Cómo cagaba la enana, como si fuera un elefante!... Y las parálisis: Primero, media cara, luego una pierna, el brazo... El padre de Daphne no quería ni verla, ni cuidarla. Hasta que un día de agosto la encontraron muerta de un paro cardíaco y de mierda  hasta el cuello en el retrete del circo. Dulce venganza, reía Daphne. 


CONTINUARÁ...


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