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jueves, 8 de agosto de 2013

Cazador, cazado.






       Había salido como cualquier otro fin de semana a romper la noche, a cazar. Hablaba distendidamente con todo el mundo, bebía, bailaba. Entonces se fijó en ella. La recorrió con la mirada mientras ella hablaba con su amigo y mostrando su mejor sonrisa le dijo:
  
-¿Tú no vienes mucho por aquí no?-.
  - A veces…-

 Ella lo miró y le pareció que tenía cierto aire a un actor famoso. Eso, o que tenía unas cuantas copas encima. Siguieron conociéndose, hablando, bebiendo… Hasta que las lenguas se entrelazaron.
  
-¡¡Quiero devorarte, comerte entera, ggrrrrr!!-
  -¡Pues hazlo!-.

   Siguió besándola, mordiéndole el cuello, le apretaba los pechos con tal furia que creía que se los iba a arrancar. Ella gemía en mitad de la calle.
  
 -Vamos a mi casa…Pero hay un pequeño problema, vivo con mi madre…
  - Me da igual, preséntame como a un amigo que no tiene dónde dormir, ¡Siempre  cuela!-.

Cogieron un taxi y media hora más tarde ya estaban follando en su cama. Tenía que taparle la boca para que su madre no lo escuchase desde la habitación de al lado.
    
  -Ya verás, mañana te presentaré a mamá, es un encanto y cocina de maravilla. Hace unas albóndigas de morirse- Yo no sé qué tendrá la receta pero…-
    
- ¿Presentarme a tu madre? ¿Estás loca? Yo he venido aquí a follar y punto, ¿no te jode?¡¡ja,ja,ja,ja!!, presentarme a la madre, dice!! Y querrás que nos casemos y que tengamos críos ¿no?, Claro, la señorita lo quiere todo…-
    
  -Eres un cabrón como todos, quieres lo mismo que todos, meterla y si te he visto, no me  acuerdo, ¿verdad?... Te traigo a casa, te meto en mi cama, ¿y así me lo agradeces?... ¿Y a dónde vas si ni siquiera sabes dónde estás?...-.
    
- Vamos a tranquilizarnos, mañana me presentas a tu madre, comemos albóndigas y lo que tú quieras pero ahora durmamos-. Pensó que  lo mejor que podía hacer era calmarse.

           
        La claridad del alba asomó por la ventana y lo despertó. Ella seguía durmiendo. Cogió su ropa con el corazón a mil intentando no hacer ruido y que ella  despertase. Se metió en el baño y al salir y enfilar el pasillo sólo esperaba que nadie hubiera cerrado la puerta con llave la noche anterior, quería salir de allí y olvidar lo que había pasado. Afortunadamente, la puerta no puso ningún problema. Bajó los tres pisos por las escaleras y llegó al portal. La puerta no tenía picaporte, era automática y no encontraba el jodido botoncito de turno. El corazón se le salía  del pecho, sólo quería salir de allí. Buscó por la pared y lo encontró a la derecha por encima de su cabeza. Respiró aliviado y  lo apretó.  La puerta se abrió y salió a la calle, se rio soltando una gran carcajada. Cuando giró la cabeza allí estaba ella con un gancho de colgar carne en la mano. No pudo reaccionar mientras le atravesaba la tráquea con él y la sangre salpicaba su camisón celeste. Arrastró el cuerpo escaleras arriba y lo metió de nuevo en casa. Cerró suavemente…

      El reloj daba las dos, había puesto la mesa  y se sentó con su madre a almorzar. Mamá había hecho unas albóndigas enormes y riquísimas con espaguetis. Rebañó el plato con pan:
  
-Mamá, esta vez te has superado. Tendrás que darme la receta algún día. Creo que voy a repetir, ponme más…, están de muerte.-

Mientras desde la fuente de espaguetis un ojo la observaba.