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jueves, 6 de junio de 2013

Desayuno










       La cocina de su apartamento no era demasiado grande. Un par de sillas y una mesa de madera maciza conformaban el conjunto. Sobre ella, café, tostadas, mermelada…  Desayuno típico de nuestros domingos con el aliciente de que la mermelada corría por mis muslos mientras él me comía entera. Yo gritaba de placer sobre aquella mesa, herencia de su abuela, con su cabeza entre mis piernas, tirando de su pelo. Levantó la vista  y me miró con la cara embadurnada de una extraña mezcla que me dio a probar con un beso mientras me penetraba...