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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Odio los lunes





        Se había despertado con la pesadumbre de todas las mañanas. Además era lunes y ya se sabe cómo vienen los lunes, con esa especie de calma chicha, aderezada además, porque el día anterior se había despedido de Thomas en el aeropuerto.  Tenía que seguir con su vida, su rutina después de haber pasado tres semanas casi tocando el cielo. Intentó desayunar algo pero se le quemaron las tostadas pensando en Thomas y metió la manga de su bata japonesa dentro del café. ¡Joder!...
Se fue directa a la ducha, a ver si así espabilaba. Cogió la pastilla de jabón de lima que Thomas le había comprado en aquel mercadillo mientras visitaban juntos la parte vieja de la ciudad. Empezó a masajearse el cuerpo. Comenzó por el cuello, bajó por el pecho y ya no era ella quien se enjabonaba. Los dedos  de Thomas la acariciaban suavemente. El vapor del agua llenaba el baño, y aquellos dedos largos la excitaban cada vez más. Una de las manos fue directa a la vagina y se acarició pensando en aquel chico irlandés de ojos profundos con el que el sexo en la ducha era bestial. Cogió la alcachofa y abrió el grifo al máximo y lo llevó directamente a su clítoris, mientras los chorrillos de agua golpeaban al unísono, moviendo las caderas hacia delante y atrás y la piel se le erizaba de placer como si él la agarrara por la espalda.  Sintió el frío de los azulejos en sus pezones mientras relamía el vapor de la pared disfrutando  e intentando no gritar y que la oyeran los vecinos por el patio interior pero no pudo remediarlo y gritó: ¡¡Thomas!!...
        A media tarde salió a dar una vuelta con Marga y Elena para despejar la mente. Llegaron a una  terraza del centro. Se sentaron, encendió un cigarro pero andaba distraída pensando . Marga le miró el culo con disimulo al camarero.   Cuando se acercó pidieron algo de comer, cerveza, un tinto de verano pero seguía ensimismada intentando olvidar.  Así que  Elena  le puso la mano en el brazo y le dijo:

-¡¡Chabela, Chabelitaaaa!! ¿Y tú?... ¿Qué tomas?-.






   

domingo, 13 de octubre de 2013

Ego Te Absolvo.





             



             Rosa  hacía años que no pisaba una iglesia. No era  creyente a pesar de haberse  criado en un colegio de monjas y  con diez años había querido ser mártir y misionera para irse  a África a cuidar niños. Pero la fiebre religiosa se le pasó en el momento en que descubrió el instituto mixto y  los  largos recreos de magreo en el patio con Carlos, Pablo, con los repetidores  y un sinfín de tardes de ejercicios de lengua y de física en casa de sus compañeros de clase.   Pero todo eso cambió en el momento en que su amiga Luz le pidió que la acompañase en el día más importante de su vida siendo  testigo en su boda. Rosa no pudo negarse aunque sabía que le saldría sarpullido nada más cruzar el portón de la iglesia. Se casaban en el pueblo, en la iglesia de toda la vida donde Don Anselmo oficiaba las misas cuando eran pequeñas. Rosa se asqueaba  al pensar que volvería a ver al viejo calvorota.  Recordaba  que el tono de su piel era sonrosado y brillante como el de un lechón. La sotana  le cubría su enorme barriga cebada a base de las comilonas en casa de sus feligreses. Parecía que los botones estuvieran a punto de explotar. Don Anselmo era un cura cabrón, con muy mala hostia.  Le encantaba que las niñas le besaran la mano al comienzo de las clases de catequesis y a quien no lo hiciera le daba con el nudillo en la cabeza o un retorcijón de oreja hasta dejarla púrpura.

Al entrar en la iglesia el olor a incienso le revolvió el estómago. Miraron hacia los lados y aparte de alguna vieja murmurando  no encontraron a Don Anselmo. En el suelo se reflejaban los colores de las cristaleras que daban un tono cálido al mármol blanco de las columnas y al fondo,  las velas puestas a Santa Rita iluminaban uno de los rincones. Se sentaron en los primeros bancos cerca del altar, pero el cura no aparecía por ningún lado. Después de media hora de retraso, oyeron  el inconfundible chirrido de la puerta de la sacristía pero  al cerrarse, no apareció el  gordo que esperaban.  Era Don Miguel, el nuevo. Les pidió disculpas por el retraso, el cura anterior se había jubilado y él aún estaba instalándose. Don  Miguel era un hombre joven, y atractivo, moreno con el pelo ondulado, un gracioso hoyuelo, peinado con la raya hacia un lado, un cura moderno, que un desamor  lo había hecho meterse a estudiar Teología para luego  ordenarse sacerdote, o eso era lo que a Luz le había contado su madre cuando le dijo que se casaba en el pueblo. Las feligresas estaban encantadas con el cambio.
 Don Miguel saludó a las chicas y les ofreció café mientras les contaba cómo sería la ceremonia: Dónde irían las flores, el coro,  el cuarteto de cámara, los invitados del novio,  los de la novia… Mientras hablaba, Rosa no podía apartar sus ojos del cura. Aquellos labios carnosos, aquellas manos  moviéndose en el aire explicándolo todo, le hacían preguntarse por qué habrían abandonado el calor de la carne por una vida espiritual  dedicada al servicio de Dios.
      Luz se emocionaba pensando en su día y lo bien que quedarían las fotos de familia en aquel pequeño altar del siglo XVIII.  Después de las explicaciones pertinentes el cura le dijo que tenía que entrevistar a los testigos, tomarles los datos, etc. Rosa accedió.
Ya en el despacho, Rosa miraba los libros de la estantería, los cuadros de santos y mártires colgados en la pared y vio que había uno de Santa Rosa de Lima. Sonrió. Don Miguel le pidió el DNI y le hizo una serie de preguntas sobre  su religión, la pareja y si ambos se casaban por consentimiento mutuo. Todas las respuestas fueron satisfactorias.
El último requisito era que debía confesarse. A  Rosa no le quedó más remedio, todo por su amiga Luz.  La confesión sería al día siguiente.  Llegó a la iglesia temprano, no quería que aquello le llevase todo el día, quería volver pronto a la ciudad. Era sábado y los bares serían un hervidero de cuerpos sudorosos. 
La iglesia estaba en penumbra y en el reclinatorio había una señora con mantilla asida a un rosario. El confesionario estaba ocupado. Esperó mientras le echaba una moneda a Santa Rita y vio cómo se encendía una de las velitas. Deseo cumplido.
Se arrodilló mientras pensaba a quién se le había ocurrido semejante artilugio. Aparte de confesar tus pecados, tus rodillas sufrirían el dolor de la dureza de la madera. Mayor penitencia.   La ventanita  se abrió y a través de la rejilla escuchó:- Ave María Purísima…-
Se le había olvidado qué seguía,  y no tenía ni idea de qué contarle a aquel desconocido porque para ella la religión no era más que  una mentira muy gorda, así que empezó a contarle al cura todo lo que había hecho desde su última confesión y de eso  ya habían pasado unos cuantos años. Le habló de las veces que  había mentido para quedar bien,  del patio del instituto, de la vez que se enrolló con el novio de su amiga Marga aunque fue él quien la llamaba y buscaba. De los veranos en casa de su tío Manuel, que no era su tío. Mientras recordaba esto  empezó a empaparse. Entonces fue cuando el cura soltó un tímido gemido. Algo que la excitó más. Siguió contando pecados mientras al otro lado los gemidos del cura eran más audibles. Se levantó y abrió la puertita del confesionario.  Cuál fue su sorpresa  al encontrarse a Don Miguel con la sotana subida, los pantalones por los tobillos y su enorme y  v durísima verga en la mano.  Ni lo pensó, se arremangó la falda y como pudo se metió dentro del confesionario. A horcajadas encima del cura, lo cabalgó mientras éste le apretaba los pezones. Y sentía cómo aquel coño le engullía la polla. Debido a la estrechez del sitio las rodillas de Rosa  rozaban con la madera seca  de las pequeñas paredes y la fina piel se levantaba casi sangrando Pero aquel dolor era placentero, no podía parar. Aquella verga era católica, apostólica y romana y el cura sabía cómo manejarla. 
No hacía más que llamar a dios, gemir su nombre pero éste nunca apareció. Si hubiera aparecido le hubiera propuesto un trío.  Rosa estaba en el cielo y Don Miguel en el infierno…
Se abrió la puertecita. Se recolocó la falda, el pelo y  salió del confesionario. Don Miguel sólo dijo: -Ego te absolvo-. ..Rosa caminó por uno de los pasillos laterales iluminada por la colorida vidriera y se dirigió a la puerta. No sin antes meter sus dedos en la pila del agua bendita y santiguarse.





 
                                                            

jueves, 8 de agosto de 2013

Cazador, cazado.






       Había salido como cualquier otro fin de semana a romper la noche, a cazar. Hablaba distendidamente con todo el mundo, bebía, bailaba. Entonces se fijó en ella. La recorrió con la mirada mientras ella hablaba con su amigo y mostrando su mejor sonrisa le dijo:
  
-¿Tú no vienes mucho por aquí no?-.
  - A veces…-

 Ella lo miró y le pareció que tenía cierto aire a un actor famoso. Eso, o que tenía unas cuantas copas encima. Siguieron conociéndose, hablando, bebiendo… Hasta que las lenguas se entrelazaron.
  
-¡¡Quiero devorarte, comerte entera, ggrrrrr!!-
  -¡Pues hazlo!-.

   Siguió besándola, mordiéndole el cuello, le apretaba los pechos con tal furia que creía que se los iba a arrancar. Ella gemía en mitad de la calle.
  
 -Vamos a mi casa…Pero hay un pequeño problema, vivo con mi madre…
  - Me da igual, preséntame como a un amigo que no tiene dónde dormir, ¡Siempre  cuela!-.

Cogieron un taxi y media hora más tarde ya estaban follando en su cama. Tenía que taparle la boca para que su madre no lo escuchase desde la habitación de al lado.
    
  -Ya verás, mañana te presentaré a mamá, es un encanto y cocina de maravilla. Hace unas albóndigas de morirse- Yo no sé qué tendrá la receta pero…-
    
- ¿Presentarme a tu madre? ¿Estás loca? Yo he venido aquí a follar y punto, ¿no te jode?¡¡ja,ja,ja,ja!!, presentarme a la madre, dice!! Y querrás que nos casemos y que tengamos críos ¿no?, Claro, la señorita lo quiere todo…-
    
  -Eres un cabrón como todos, quieres lo mismo que todos, meterla y si te he visto, no me  acuerdo, ¿verdad?... Te traigo a casa, te meto en mi cama, ¿y así me lo agradeces?... ¿Y a dónde vas si ni siquiera sabes dónde estás?...-.
    
- Vamos a tranquilizarnos, mañana me presentas a tu madre, comemos albóndigas y lo que tú quieras pero ahora durmamos-. Pensó que  lo mejor que podía hacer era calmarse.

           
        La claridad del alba asomó por la ventana y lo despertó. Ella seguía durmiendo. Cogió su ropa con el corazón a mil intentando no hacer ruido y que ella  despertase. Se metió en el baño y al salir y enfilar el pasillo sólo esperaba que nadie hubiera cerrado la puerta con llave la noche anterior, quería salir de allí y olvidar lo que había pasado. Afortunadamente, la puerta no puso ningún problema. Bajó los tres pisos por las escaleras y llegó al portal. La puerta no tenía picaporte, era automática y no encontraba el jodido botoncito de turno. El corazón se le salía  del pecho, sólo quería salir de allí. Buscó por la pared y lo encontró a la derecha por encima de su cabeza. Respiró aliviado y  lo apretó.  La puerta se abrió y salió a la calle, se rio soltando una gran carcajada. Cuando giró la cabeza allí estaba ella con un gancho de colgar carne en la mano. No pudo reaccionar mientras le atravesaba la tráquea con él y la sangre salpicaba su camisón celeste. Arrastró el cuerpo escaleras arriba y lo metió de nuevo en casa. Cerró suavemente…

      El reloj daba las dos, había puesto la mesa  y se sentó con su madre a almorzar. Mamá había hecho unas albóndigas enormes y riquísimas con espaguetis. Rebañó el plato con pan:
  
-Mamá, esta vez te has superado. Tendrás que darme la receta algún día. Creo que voy a repetir, ponme más…, están de muerte.-

Mientras desde la fuente de espaguetis un ojo la observaba.








miércoles, 3 de julio de 2013

Dear Lizard King:







     Deambulaba por Sunset Boulevard cuando tropecé con el luminoso del Whisky A- Go-gó. Entré apartando a la gente con las manos y llegué a la barra. El ambiente estaba cargado de humo, hacía calor y de fondo, un Hammond entonaba una melodía en espiral... Alguien gritó:" Father, I want to kill you... Mother, I want to..." Entonces te vi, de espaldas al público con aquel pantalón de cuero y todas las chicas gritaban enfervorecidas y querían cogerte el culo. Me reí y pensé que esa sería mi noche de suerte.
Te giraste hacia el público, entonces me miraste y de tus labios salió:- “Hello! I love you, won’t you tell me your name, let me jump in your game…” 








jueves, 6 de junio de 2013

Desayuno










       La cocina de su apartamento no era demasiado grande. Un par de sillas y una mesa de madera maciza conformaban el conjunto. Sobre ella, café, tostadas, mermelada…  Desayuno típico de nuestros domingos con el aliciente de que la mermelada corría por mis muslos mientras él me comía entera. Yo gritaba de placer sobre aquella mesa, herencia de su abuela, con su cabeza entre mis piernas, tirando de su pelo. Levantó la vista  y me miró con la cara embadurnada de una extraña mezcla que me dio a probar con un beso mientras me penetraba...







jueves, 14 de marzo de 2013

MIND THE GAP





Como cada día a las nueve, Maggie esperaba sentada en el banco de la estación de metro. Por megafonía se escuchaba: “Mind the gap”, avisando a los pasajeros “cuidado con el hueco”. Sólo estas tres palabras la hacían estremecer y esbozar una sonrisa al volver a casa. Tras cerrar la puerta, reaparecía la pesadumbre, el hastío, la tristeza.
Se preparó un té, pan con manteca y corrió la cortina de la ventana de la cocina. Afuera caía la lluvia londinense desde el cielo gris plomizo. La casa se le hacía grande, enorme. Hijos ya criados, los nietos, y sola.
El ratito de la estación era su única alegría. Preparaba con esmero su cita diaria, se ponía su mejor vestido, el favorito, se perfumaba con agua de violetas y salía emocionada como una quinceañera. Esperaba sentada a escuchar la famosa frase por megafonía:”Mind the gap”,y su cara se iluminaba, resplandecía, la hacía revivir y recordar un pasado hermoso, esa voz tenía algo que ningún transeúnte sabía, ni sospechaba. Era de Lawrence, su difunto marido que había sido actor y en los años 70 la prestó a la compañía de transportes para avisar a los usuarios del metro del peligro entre vagón y andén. Desde su muerte, la viuda no había faltado ni un solo día a su encuentro.
Pero una mañana, escuchó una voz extraña, desconocida. Volvió a prestar atención al mensaje pero ya no era Lawrence. Habían cambiado el aviso. Maggie no entendía nada. Salió desesperada,caminando rápido hacia su casa. Al cerrar la puerta tras de sí, cogió de la estantería del salón su retrato de boda, lo limpió con la manga de su cárdigan y soltó un grito. Volvió a mirar la foto, Lawrence estaba guapísimo con aquel traje azul oscuro. Besó el cristal y apretó el marco contra su pecho.Preparó té y se sentó en el sofá preferido de Lawrence sin soltar la foto. Se durmió recordando aquellos días felices. Lawrence fue a buscarla esa noche. El té se quedó frío en la mesita del salón.








miércoles, 27 de febrero de 2013

Eterno







La lluvia golpeaba en la ventana y restos de un porro se quemaban en el cenicero. El humo dibujaba pequeñas espirales en el espacio. Dos cuerpos desnudos sobre la cama, escribiendo cartas en tinta de agua de lluvia, para no olvidar nunca.
Una habitación de paredes desconchadas, de armarios llenos de polvo y humedad, con olor a salitre, sudor y sexo. El aroma envolvía el ambiente, envolvía los cuerpos, envolvía las mentes mientras sus ojos se miraban fijamente intentando adivinar pensamientos. Caricias ebrias de amor, piel de rosa del desierto, lenguas vertiginosas... Alma de niño escondida en cuerpo de príncipe.
Y pasan los días, las horas, el reloj y su tic-tac cotidiano… Yo me quedé allí, en aquella habitación de paredes desconchadas donde el tiempo era eterno. Donde la lluvia, tú y yo fuimos eternos.




jueves, 31 de enero de 2013

Paris





¿Recuerdas nuestro viaje a París? De picnic en  la orilla del Sena  comiendo queso Brie y brindando por nosotros con Pinot Noir. Aquellas tardes  bohemias por Montmartre paseando por el boulevard imaginando a Toulouse-Lautrec borracho de absenta, a  Picasso y sus chicas de Avignon … Visitando la tumba de Morrison, de Wilde… Yo entonando a Piaf y su La Vie en Rose mientras me mirabas y sonreías. Gritando al mundo desde lo alto de la Torre Eifel y fundiéndome  contigo en un beso… Fue el mejor viaje de mi vida, y todo esto, sin salir de tu cama.




miércoles, 9 de enero de 2013

Pequeño Tesoro...








           Al igual que un arqueólogo, descubro tu cuerpo desnudo.
       Mis dedos , cual brocha, van apartando el polvo y las telarañas.
    Poco a poco, las formas ocultas se van definiendo y todo toma sentido. Escarbo tu piel en busca el tesoro antiguo que esconde tu alma.